Un perro y un gato se conocieron.El gato dijo: ¡Miau!El perro dijo: ¡Guau!Pero no se entendieron.Dos animales se encuentran, juegan, se enfadan, se separan, se echan de menosà y vuelven a jugar. En la edad infantil es muy común vivir conflictos entre amigos y frustraciones derivadas de las relaciones.Al igual que sucede con el perro y el gato, las emociones van acompañadas de reacciones y expresiones del cuerpo: alteraciones en la circulación, cambios respiratorios, secreciones glandulares, cambios de humoràLos cambios impuestos por el desarrollo de la personalidad, el crecimiento, la socialización y la conquista de espacios de independencia son factores que desestabilizan y dan lugar a enfados y comportamientos negativos; de ahí la importancia de buscar mecanismos para controlar la situación, olvidar el mal humor y fomentar la alegría, el autocontrol y el bienestar.Esta sencilla historia de la relación entre un perro y un gato ayuda a proyectar situaciones conflictivas en la mente de los niños y a compararlas, consciente o inconscientemente, con otras experiencias emocionales. Igual que en esta historia, la